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Curatorial Texts

'Tránsito Material'
Ramón Castillo

“The painting Carts in the Vega (circa 1910) by Juan Francisco González (hereafter JFG) shows, in an unclear, diffused and highly mobile style the scene of a cart being pulled by two horses that are barely visible in the blurred drawing. From the painter’s biography we know that the scene refers to a place he often visited, where he would install an easel, contemplate the landscape and bring the image together on the canvas in pigment, as though it were a window opened onto a meadow. One hundred years later Francisca Aninat (1979) follows in the painter’s footsteps and installs herself in the same place, like a ‘hunter / gatherer’ organising field notes, meeting the local inhabitants, making a photographic record and observing the routine and role of the implements used to contain, store or exhibit agricultural produce. The photographs are organised into archives while the scraps of cardboard, newspapers and plastic bags are exhibited in a formal logic suggestive of the visual rhythm of a whirlwind or a waterfall that appears from outside or extends out of the museum. It is an image of proliferation, of strength, that resides in punctuated rhythm, the accumulation of ruins, the memory of printed days turned into nomadic fragments, manuscripts of daily life and left over quebrantahuesos (Nicanor Parra’s collage newspaper).”  

[Extract]





“ La pintura Carretelas en la Vega, realizada por Juan Francisco González (JFG) cerca de 1910, representa de manera confusa, difusa y móvil la escena de una carreta tirada por dos caballos sostenidos apenas en la borrosidad del dibujo. De su biografía sabemos que se trata de un lugar que frecuentó con regularidad, para contemplar, instalar el atril y sostener con pigmentos una imagen sobre la tela, como si se tratara de una ventana abierta hacia la Vega.
Cien años después, Francisca Aninat (1979) va tras la ruta de JFG y se interna en el lugar, tal y como si se tratara de un “cazador recolector”, organizando anotaciones de campo, conociendo a las personas del lugar, registrando fotográficamente y observando la rutina y rol que cumplen los elementos que sirven para contener, almacenar o exhibir los productos del agro.
Las fotografías se organizan en archivos, mientras tanto, los fragmentos de cartón, periódicos y bolsas de plástico, se despliegan bajo una lógica formal que recupera el ritmo visual de un torbellino o una cascada que irrumpe desde el exterior, o que empuja para el exterior del museo. Una imagen de proliferación y fuerza que reside en el ritmo entrecortado, la acumulación de ruinas, la recolección de los días impresos convertidos en fragmentos nómades; diariamente en manuscritos, en quebrantahuesos residuales.“

[Extracto]